Johan

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Demian
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Johan

Mensajepor Demian » 28 Feb 2017, 16:58

Johan
Hombre • 63 años • Drecarios • Mercenario Errante

Trasfondo
Johan proviene de una familia de pastores. Nació en el año 311 Después del Imperio, mientras el Este se fraguaba bajo las llamas de Umbros. Creció bajo la influencia y amenaza de aquél dragón que, a pesar de estar al otro lado de la cordillera, evocaba un terror que conseguía atravesarles los huesos como una fría brisa invernal.

Aquella infancia fue suficiente como para que la idea de pastorear fuese sustituida por la de empuñar una espada. Por ello, a los trece años, se alistó como soldado al servicio de La Unión. Apenas había recibido instrucción alguna cuando fue designado parte de un contingente hacia el Sur, cuyo propósito no era otro que relevar a los que ya ofrecían protección a los constructores del Muro, cuya labor suponía una desesperada esperanza para la supervivencia de la humanidad.

Tras su servicio allí, su regimiento fue destinado al otro lado de la cordillera Ezzimos, para reforzar las líneas que hacían frente a la devastación que los dragones habían provocado en el Este. Fueron años negros, en los que el desgaste y la desesperación acabó por expulsarles a través del paso de Fenris sin éxito alguno. Las bajas fueron numerosas y, aunque no obtuvieron una victoria en lo que ahora se conoce como la Tierra de Nadie, el tiempo invertido sirvió para tallar la fama y al guerrero en el que se había convertido. Regresó a su hogar hecho hombre, tras largos seis años sin ver a su familia y siendo ya un soldado probado. Al cumplir los veinte, ingresó en el brazo armado Manus Regis, ofreciendo sus servicios directamente a la familia real drecaria, donde permaneció, devoto y leal, durante otras dos décadas.

Dada su trayectoria, en el año 351 D.I. pasó a formar parte de la guardia real del rey Abestus Heros, a quien juró proteger con su vida. Cuatro años después dio comienzo la Cruzada Blanca como sentencia definitiva al mal que habitaba en el Pozo. La esperanza de todos fue depositada en aquellos hombres y en aquél rey, cuyas almas lucharon hasta el final. Sin embargo, tan rápidamente como se había forjado, dicha esperanza se disipó cuando Abestus cayó en combate, cayendo a su vez la moral de sus hombres en lo que supuso una derrota total.

Sobrevivir a aquello fue su mayor hazaña y a la vez su mayor maldición, pues había fracasado. La batalla acabó en masacre, y quien no huyó, murió. Había faltado a su juramento, por lo que únicamente le quedaba el destierro. A decir verdad, ninguna norma escrita le condenaba a tal exilio. Aquél castigo fue algo que él mismo se auto-impuso, pues no podía soportar la vergüenza y la humillación de haber fracasado. Posarían sobre él miradas acusatorias y de reproche, mientras que frente a él vertirían su condescendencia. Y no estaba dispuesto a ello.

Desde entonces, Johan ha vagado por todo Tahiel, sin rumbo fijo. La mayoría de las veces viajaba sólo, en contadas ocasiones lo hacía en compañía, e incluso hubo una temporada que acompañó a una caravana Zinda. Ha servido como mercenario en causas que consideraba justas, en ocasiones sin ningún ánimo de lucro. Hoy día malvive en algún rincón del continente, cargando con aquella pesada carga de la que aún no ha conseguido aliviarse: La culpa.

Descripción Física
No hace demasiado tiempo, este viejo que veis lució un cuerpo más joven, fuerte y vigoroso. Hoy el volumen de sus brazos ha disminuido, y su estatura, menguado. El porte ostentoso, de cabeza alta y pecho fuera no es más que una mala percha, que poco o nada destaca en su caminar. Su pelo, antaño negro como el hollín, es ahora una melena blanca, aunque igual de descuidada. Su rostro trae consigo una piel curtida, marcada con alguna que otra cicatriz, y bronceada por la ausencia de un techo durante años. Barba, arrugas y una nariz fina. Sus ojos son los mismos; pero su mirada no.

Ya no viste aquella pesada armadura de placas. En su lugar hay cuero reforzado, mucho más ligero y barato. Suele cubrirse a sí mismo con un manto que le protege de la lluvia y las vistas. Hace tiempo que enterró la espada, pues ahora se ayuda de un bastón, que si bien no le hace falta para andar, sí que sirve para confundir a los ingenuos con los que se cruza, evitando problemas y conversaciones.

A pesar de todo lo que a simple vista veis, lo que hay ante vosotros dista mucho de ser un anciano imposibilitado. Los años y los errores le han enseñado a vivir de forma cada vez más paciente, prudente, y quien sabe si más sabia. La fuerza y la vitalidad de la juventud ya no son sus mejores amigos, sin embargo en su camino ha conocido a otros compañeros tales como la pericia y la astucia. Su experiencia le vale de caminos más cortos y llanos que los que recorría cuando era joven, a pesar de llegar a los mismos lugares. Una pequeña estocada es más valiosa que tres golpes contundentes, y un fugaz vistazo ve ahora más que una noche entera de vigilia.

El viejo Johan ya no es lo que un día fue. Menospreciarlo es una práctica común. Subestimarlo; un error fatal. Detrás de ese rostro adusto hay más de lo que un servidor pueda contarte.

Imagen

Descripción Psicológica
Johan es un viejo guerrero atormentado por su pasado.

Su temperamento solía ser dinámico y vivaz. Muchos lo recordaban como alguien entusiasta, orgulloso, optimista e inquebrantable ante cualquier adversidad. De ideales fuertes y valores muy arraigados a su clan. Un hombre decidido y dispuesto. Servicial y, por encima de todo, leal…

Aquella imagen de insigne caballero fue borrada de un plumazo un fatídico día. La muerte del rey Abestus, a quien estaba unido bajo un juramento de eterna servidumbre y protección, supuso su fracaso como guardia real. Los demonios le superaron aquél día no sólo en el campo de batalla. La oscuridad se cernió sobre ellos, particularmente sobre él que, a pesar de sobrevivir a la masacre, jamás encontró el camino de vuelta a su hogar. No habría vuelta para él. Ni vuelta, ni perdón.

A partir de entonces, Jorah ha vagado por todo Tahiel como un hombre afligido. Sin rumbo ni objetivo más allá de huir de la humillación y la afrenta por haber fracasado. Hoy día es raro oírle hablar, pues lo hace poco y, lo que dice, no siempre es del gusto de todos. Aún conserva aquella debilidad que le impulsaba a proteger a los más desfavorecidos, aunque a diferencia de antes, ahora no es un buscador de aventuras. Prefiere evitar cualquier tipo de amistad, compromiso o conversación, pues el trauma de haber perdido lo amado es una herida abierta que aún sangra en su interior. A pesar de todo, su valentía, determinación y maestría no han desaparecido, y no le tiembla el pulso a la hora de entablar combate contra aquellos que lo merecen.

Alquilar su espada por un techo y algo de comer solía ser su tarifa, sin ostentar un pago mayor. Ahora son pocos quienes le encomiendan alguna tarea, pues lo ven viejo y lo que consigue suele ser a base de limosnas.

A pesar de que no hay motivos para reprocharle nada, él sueña con el indulto real, pero ni sabe cómo conseguirlo, ni tiene las agallas suficientes como para intentarlo. Además, todos lo tomaron por muerto en aquella batalla, por lo que nadie espera su regreso.

Otros
• Le dieron por muerto en la Cruzada Blanca.
• No le queda familia alguna.
• En su fuero interno anhela el indulto real.
• Está medio ciego de un ojo.

Virtudes
  • Astuto
  • Perceptivo
  • Discreto
Defectos
  • Sentido Dañado
  • Melancólico
  • Trauma

Caminos
Última edición por Demian el 01 Mar 2017, 15:33, editado 1 vez en total.

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